martes, 12 de enero de 2010

Enfermera para todo


Al poco tiempo que ingresé al IPP, caí afectado por un dolor persistente en la región abdominal, había visto a algunos médicos, pero no me diagnosticaron algo certero, así que iba a verme con un doctor de confianza de mi familia, allá mi tierra. Todo fue muy rápido: fuí a la clínica a ver al doctor, el me diagnosticó una apendicitis que había devenido en peritonis, es decir que mi apéndice había hecho PUM y me tenían que intervenir de urgencia. Así, fuí a una habitación, me quedé en cueros y me pusé una bata, lo raro vino luego, pues para operar tenían que afeitarme en la ¨zona crítica¨ que un hombre nunca se afeita. Todo descompuesto como estaba, tuve el ánimo optimista de que me iba a tocar una enfermera chibola y ¨simpaticona¨ para la afeitada, pero noooo, más piña, me tocó todo lo contrario... en fin, la enfermera me mandó echarme en la camilla, me levantó la bata y, así sin jabón, procedió a pasarme la Gillette(tm), yo estaba nervioso y trataba de no pensar en nada, me puse en trance, meditación profunda, etc... aunque no podía dejar de sentir cierto cosquilleo. Cuando terminó su abnegada labor, suspiré aliviado de que no hubiera pasado ¨nada raro¨, me envió al baño a orinar y ahí me di cuenta que la meditación NO HABÍA SERVIDO PARA NADA, ya entenderán de qué hablo.
Ah, y de la operación no me puedo quejar, sólo que ahora tengo dos ombligos, jeje.

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